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Ciudad de Guatemala, 31 de enero de 2008/ Entrevista publicada por la revista Ori Mandinga del municipio de Hondarribia, País Vasco, España, al Alcalde Álvaro Arzú.

Un Arzú en Guatemala

Se llama Álvaro Arzú Irigoyen, ha sido Presidente de Guatemala entre 1996 y 2000 (solamente se puede ocupar este cargo durante una legislatura) y actualmente es el Alcalde de la Ciudad de Guatemala. Hace unos meses se cumplieron 10 años de su visita al Caserío Hondarribiarra de Artzu, del que es oriundo. El ayuntamiento de Hondarribia agradeció la visita del ex mandatario guatemalteco con la concesión del título de “Hijo adoptivo”.

O.M.- Su etapa en la Presidencia de Guatemala (1996-2000) es recordada por haber logrado la paz que terminó con 36 años de conflicto armando. ¿Qué consejo daría al Gobierno Español y Vasco para solucionar el conflicto vasco?

A.A.- En primer lugar debo recordar que la Firma de la Paz no fue un logro personal de Álvaro Arzú, sino un esfuerzo descomunal del pueblo entero, durante muchos años. Un ex presidente no debe dar consejos, porque cada país y cada momento tienen su propio afán; el único denominador común al cual recurrir es Dios, y en el caso de Guatemala él siempre tuvo la última palabra durante todas las negociaciones. Eso fue básico.

O.M.- ¿Cuáles cree que fueron las claves para conseguir la paz en Guatemala? Con la visión que nos ha dado el tiempo que ha transcurrido, ¿llevaría de la misma manera el proceso de paz o cambiaría algo?

A.A.- Francamente, no cambiaría nada; los interlocutores fueron los correctos. De lo que sí me cuidé fue de evitar la especulación noticiosa, no permitiendo que se diera a conocer la información al público hasta que concluía y aceptaba formalmente cada una de la facetas, pues observé que en procesos similares en el mundo entero, con el afán de publicar el titular más llamativo, se exacerbaba más la confrontación durante el proceso. En Guatemala no volvió a haber un muerto desde que nos dimos la mano con Ricardo Ramírez, comandante Morán, en El Salvador, dos meses antes de ser electo presidente. Comprobé, una vez más, el valor de la palabra empeñada, por encima de los documentos escritos.

O.M.- Suponemos que la consecución de la paz, después de tantos años de conflicto, es un proceso muy difícil, lleno de altibajos. Cuando en 1998 el obispo Juan José Gerardi fue asesinado, ¿creyó que no sería posible su sueño de llevar la paz a Guatemala?

A.A.- El asesinato del obispo Gerardi sucedió dos años después de la firma de la paz. Ese crimen no tuvo nada que ver con el conflicto armado y mucho menos con la firma de la paz. Ese lamentable suceso ha sido “jaloneado” irresponsablemente, acusando malévolamente a personas inocentes.

O.M.- En el año 1997 fue galardonado con los premios Príncipe de Asturias, de Cooperación Internacional; Félix Houphouët-Boigny, de Fomento de la Paz (Unesco); y de Honor al Mérito de la organización Rotary Internacional. ¿Recuerda algún premio con mayor cariño?

A.A.- El premio Príncipe de Asturias fue inolvidable. Lo que es más: luego del evento le comenté a mi esposa que estaba fuera de proporción a mis méritos. Aun así, fue satisfactorio haberlo recibido conjuntamente con Ricardo Ramírez, comandante de la URNG.

O.M.- Usted era Presidente de Guatemala cuando el huracán Mitch asoló el país en octubre de 1998. ¿Qué fue lo más duro? ¿Cómo logró que el país se recuperara?

A.A.- La obra que realizábamos en los cuatro puntos de país en carreteras, puestos de salud, escuelas, etc., nos obligaba a tener una maquinaria  diseminada en todo el territorio nacional, por lo que pudimos llegar muy pronto a las áreas más afectadas por el huracán Mitch, y gracias a eso restablecimos las comunicaciones terrestres, eléctricas y de agua potable en cuatro o cinco días. Por ello dijimos que agradecíamos el apoyo internacional, pero que por el momento preferíamos que dieran asistencia a nuestros vecinos que estaban más afectados. La prensa me criticó muy duramente por ello.

O.M.- En 1997 viajó a Hondarribia junto a su mujer y a sus hijos, y pudo conocer el caserío Artzu, del que procede su familia. ¿Qué recuerdo guarda de aquel viaje?

A.A.- Usted está muy bien documentada. El primer contacto con mi familia de la llamada en ese entonces Fuenterrabía, fue en 1963, cuando mi padre y mi tío detectaron que teníamos nuestros orígenes y parientes allí. Nos llevaron a conocer. Vimos la casa solariega en el centro, con el escudo de la familia, y nos informaron que los parientes vivían en las afueras, por lo que nos dirigimos al punto. Al encontrar a la familia en el caserío, recuerdo que nos vieron con cierta curiosidad y no poca desconfianza, pero al identificarnos y decirles que veníamos de América se tranquilizaron. Desde entonces hemos mantenido un cariño entrañable hasta el presente, sobre todo con el jefe de la familia, Gregorio Berrotarán. Cuando fui Presidente los mandé traer a Guatemala para que conocieran el país a donde vino nuestro primer antepasado, José Antonio Arzú y Díaz de Arcaya.

O.M.- En su viaje a Hondarribia le obsequiaron una copia del certificado de Hidalguía y Armas de la Casa Artzu. Dicho título fue obtenido por su antepasado Matxín de Artzu, tras haber conseguido desalojar a las tropas francesas de Hondarribia. Casi 300 años después, usted consigue algo que muy pocos creían posible: la paz en Guatemala. ¿Está orgulloso de sus raíces vascas?

A.A.- Tengo la bandera del País Vasco junto a la de Guatemala, hondeando en mi casa de la Antigua. Eso le da respuesta.

O.M.- ¿Mantiene alguna tradición o costumbre vasca?

A.A.- La comida. Mi esposa se devora los libros de recetas vascas, que a mi parecer es la mejor cocina del mundo.

O.M.-  ¿Sabe algo de euskera?

A.A.-  Eskerrik asko.

O.M.- ¿Cómo llega a la política? ¿Siempre quiso dedicarse a esto?

A.A.- La política es fascinante, por muy primitivamente que se practique, pero más lo es el servicio público. Luego de explorar ese campo, lo demás resulta bastante insípido.

O.M.- Usted fue Presidente de Guatemala desde 1996 hasta 2000, y en su país no se puede optar a la reelección. Si esto cambiara, ¿le gustaría volver a ser Presidente?

A.A.- Ya estoy en el atardecer de la vida. La Presidencia es una posición para sufrir, si se toma con responsabilidad. Yo ya llené mi cuota en demasía.

O.M.- Actualmente es el Alcalde de la Ciudad de Guatemala, y la organización City Mayors le otorgó, en 2005, el tercer puesto en el certamen anual de mejores alcaldes del mundo. Profesionalmente, ¿le queda algún sueño por cumplir?

A.A.- El servicio público es como el horizonte que divisa un marino: cuando cree haber llegado a él, hay algo más allá. A mí, Dios me ha llevado de la mano en todos los cargos que me han designado. Si lo he hecho bien o mal, ya la historia lo calificará.

O.M.- Usted fue alcalde antes de ser Presidente de Guatemala, y después ha vuelto a la Alcaldía. ¿Ha cambiado mucho la ciudad de Guatemala en esos años?

A.A.- Venga a visitarnos y permítanos atenderlos como se merecen, y así podrán formarse su propio juicio. Y si no, pregunten al amigo Lehendakari Juan José Ibarretxe.

O.M.- Usted llegó a la política después de haber sido campeón nacional de squash. ¿Sigue practicando deporte?

A.A.- Sí, pero ya estoy viejo, y los jóvenes que obligaba a hacer cola para jugar contra mí, hoy me cobran la factura y me ponen a mí a hacer fila.

O.M.- ¿Cómo es un día en su vida?

A.A.- Intenso. Mi esposa se pasó 20 años diciéndome que me retirara de la política, y al final de la Presidencia así lo hice. Pero la pobre, cuando se dio cuenta lo que era tenerme 24 horas en casa, me pidió que volviera…

O.M.- Usted tiene siete hijos y nueve nietos. ¿Los ve todo lo que quisiera? ¿Conocen su raíces hondarribitarras?

A.A.- A los hijos a veces los canso un poco con mi fanatismo vasco y me dicen: “Ya vas a empezar con eso…”

O.M.- Usted es Hijo Adoptivo de la ciudad de Hondarribia, donde se le quiere mucho y se recuerda con cariño su visita en 1997. ¿Volverá a Hondarribia?

A.A.- Cuanto antes. Después de Guatemala, es el lugar más lindo del mundo (cuando no está lloviendo), y después de los chapines, la gente más amable que he conocido es la de Hondarribia.

O.M.- ¿Qué papel es más complicado: el de Presidente o el de Alcalde? ¿Y cuál el más gratificante?

A.A.- Los dos tienen su propio encanto. El Alcalde está más cerca de la gente y ve concretar sus realizaciones con mayor prontitud.

O.M.- Le deseamos mucha suerte en todas sus iniciativas y en la lucha contra su enfermedad, que seguro ganará con la misma firmeza que ha ganado otras muchas batallas. Un fuerte abrazo desde Txingudi.

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